La inteligencia artificial, sedienta de recursos hídricos

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La inteligencia artificial generativa no solo es una gran emisora de C02 a la atmósfera, sino que es una ávida consumidora de agua: las actividades relacionadas con ella podrían generar un consumo anual de agua de 7.000 millones de metros cúbicos para 2027.

Un solo modelo LLM de IA generativa puede generar emisiones de 300 toneladas de CO2, según la Universidad de Massachusetts. Para el entrenamiento del modelo de ChatGPT-3, se consumieron 700.000 litros de agua en refrigeración de centros de datos, según la UC Riverside, que calculó que el consumo de agua de las iniciativas relacionadas con la IA estaría entre 4.000 y 7.000 millones de metros cúbicos al año en 2027.

Estos datos los dio Dejan Glavas, director del nuevo Instituto IA para la Sostenibilidad de ESSCA, en la inauguración en París de este centro de investigación que buscar arrojar algo de luz en la interacción entre la inteligencia artificial y la sostenibilidad. Son datos que impresionan por ese impacto directo negativo de la IA en el medioambiente y que nos hacen conscientes de la necesidad de incorporar la perspectiva de la sostenibilidad en los desarrollos de la IA.

Por supuesto, no está sobre la mesa poner freno a la inteligencia artificial generativa. Al contrario, su capacidad tiene el potencial de influir muy positivamente sobre la sostenibilidad. Así, después de mostrar el consumo de agua estimado de la IA y sus emisiones de CO2, Glavas dio varios ejemplos de cómo la IA puede ayudar a la sostenibilidad, empezando por la optimización de la producción, que supone un ahorro de materias primas.

Además, la IA tiene un papel clave en las ciudades inteligentes, optimizando la gestión del tráfico, de los residuos y de la energía, como en el caso del alumbrado público inteligente de Zúrich, que redujo el consumo eléctrico en un 70%. También es fundamental la IA en proyectos como ARCHES, de INRIA (Institut National de Recherche en Informatique et en Automatique), que intenta comprender cómo el huracán Patricia en México, en 2015, pasó de categoría 1 a 5 en 24 horas (los vientos pasaron de 138 a 333 km/h).

Son solo algunos ejemplos de cómo la IA tiene de hecho un impacto positivo sobre el medioambiente, aunque por ahora se mueve en un delicado equilibrio entre el daño que genera a la sostenibilidad y los beneficios que promueve para el medioambiente. Puede que esté sedienta de recursos hídricos, pero se esperan tantas cosas de su capacidad que es difícil negarle el agua.